El camino del cobre en Mendoza está dejando de ser una eterna promesa de exploración para convertirse en un plan de ingeniería concreto. En un movimiento estratégico bisagra, PSJ Cobre Mendocino (el proyecto ubicado en Uspallata, Las Heras) cerró un acuerdo preliminar con Metso Corporation, el gigante finlandés líder en procesamiento de minerales. El entendimiento no es un simple intercambio de maquinaria: define el corazón tecnológico de la futura planta concentradora, apuntando directamente a resolver el gran examen mendocino: la licencia social a través de la máxima eficiencia hídrica.
A través de sistemas de flotación y un innovador filtrado de colas diseñado junto a la consultora Knight Piésold, el proyecto logrará una proeza técnica: llevar la capacidad de procesamiento hasta las 42.000 toneladas diarias de mineral sin gastar una sola gota más del caudal de agua de 141 litros por segundo ya aprobado. La tecnología de Metso reduce drásticamente la humedad de los residuos (relaves), recuperando el agua para recircularla de inmediato en el proceso productivo. Esto le permite a PSJ maximizar la recuperación no solo de cobre, sino también de oro y plata, incorporando mineral de menor ley que antes iba directo a la escombrera.
El acuerdo contó con las firmas de las cúpulas de ambas empresas, incluyendo a Fabián Gregorio (Presidente de PSJ), Marcelo Avecilla (CEO) y los inversores Enrique Gatti y Pavel Ermolaeff; mientras que por Metso sellaron el pacto directivos regionales y globales como Fernando Samanez y Hannele Vuorimies. Con este paso, la compañía, controlada por Zonda Metals y Grupo Alberdi, calibra su factibilidad técnica de cara a un objetivo ambicioso: estructurar su financiamiento bajo el paraguas del RIGI —donde ya tramita un plan de inversión de entre USD 630 y 800 millones— para encender las obras de construcción durante el primer semestre de 2027.
Nuestra reflexión
En Mendoza, hablar de minería metalífera fue un tabú político durante casi dos décadas bajo el fantasma de la Ley 7722. Pero los tiempos cambiaron y la transición energética global no espera. El verdadero valor de este acuerdo con Metso no radica únicamente en las estimaciones de producir 75.000 toneladas de cobre fino al año, sino en cómo se hace. Traer tecnología de primer mundo para exprimir al máximo el circuito cerrado del agua es la única forma de demostrarle a la comunidad que el desarrollo industrial y el cuidado ambiental pueden ir de la mano. A la minería hay que exigirle los estándares más altos, pero bloquear el potencial cuprífero de la región por dogmas del pasado ya no es una opción viable. Si queremos dejar de importar cables y empezar a exportar el metal del futuro, el único camino es la inversión tecnológica seria. Las cartas están echadas sobre la cordillera y, claramente, ya era hora de jugar en primera.





