La carrera global por la transición energética ya no espera las promesas de escritorio; se consolida a base de toneladas reales y valor agregado en la alta montaña. El ecosistema del litio en Argentina acaba de tachar un hito histórico en su calendario industrial con la puesta en marcha formal de la Planta II del proyecto Sal de Oro, operado por la gigante surcoreana POSCO en el Salar del Hombre Muerto. La nueva infraestructura técnica permitirá inyectar unas 23.000 toneladas anuales de carbonato de litio grado batería directamente al mercado de exportación, un volumen clave para abastecer a la cadena de electromovilidad global.
Sin embargo, el verdadero impacto de esta inauguración radica en su matriz legal y financiera. Sal de Oro se transformó oficialmente en el primer proyecto minero que entra en operación bajo los beneficios normativos del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Respaldada por un paquete de financiamiento internacional de hasta u$s 700 millones traccionado por el BID Invest, la firma ya consolidó una inversión acumulada que supera los u$s 2.000 millones desde sus inicios en el norte argentino. El acto político y técnico, que logró sentar en una misma mesa a figuras nacionales como Karina Milei y Diego Santilli junto a los gobernadores Raúl Jalil (Catamarca) y Gustavo Sáenz (Salta), no hace más que escenificar el peso estratégico del sector. Según las cifras oficiales ventiladas en el evento, el RIGI ya actúa como imán de proyectos de largo plazo en la región, sumando compromisos de inversión declarados por us 9.380 millones en Salta y us 9.000 millones en Catamarca.
Nuestra opinión
Celebramos la firma del memorándum de entendimiento para las Etapas III y IV —que proyectan una meta ambiciosa de 100.000 toneladas anuales—, pero ponemos la lupa en la letra chica que realmente importa: el desarrollo regional. Que POSCO lograra disolver tensiones limítrofes históricas para convertir un salar compartido en un clúster productivo es un avance fenomenal. Pero el verdadero «boom» se convalidará si el entramado cumple su promesa de robustecer la cadena de valor con los más de 270 proveedores locales integrados y potenciar los 5.000 puestos de trabajo directos e indirectos generados en la Puna. La minería no es solo un flujo de exportación de divisas; es la construcción de infraestructura vial, hídrica y tecnológica en comunidades que históricamente esperaron una oportunidad real. Los números macroeconómicos ya están sobre la mesa.
(Con información de Noticias Mineras)





