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octubre 26, 2026

El ajedrez minero que enfrenta Lula: entre impuestos, geopolítica y los reclamos de la industria

El líder del PT asume el desafío de surfear la guerra fría por los minerales críticos entre Washington y Pekín. Radiografía de una industria que ya vivió una "edad de oro" bajo su gestión, pero que hoy le reclama infraestructura, seguridad jurídica frente a la minería ilegal y un freno a la presión fiscal.

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Luis Ignacio Lula da Silva ha vuelto a hacer historia al alzarse con un inédito cuarto mandato presidencial tras el balotaje del 25 de octubre de 2026. Con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, el líder del PT se asegura el control del Palacio del Planalto en un escenario de extrema polarización y un Congreso dominado por el centro-derecha. Sin embargo, más allá de la batalla retórica en las calles, los verdaderos cimientos del futuro económico de Brasil se jugarán en un terreno subterráneo y estratégico: el sector minero.

Para entender el verdadero impacto de este resultado, hay que despejar los mitos. ¿Le tiene «miedo» el sector minero a Lula? ¿Cómo le fue a la industria cuando gobernó anteriormente? Y, sobre todo, ¿Cómo planea resolver la delicada encrucijada geopolítica de los minerales críticos?

¿Miedo a Lula? Desmitificando la relación del sector con el PT

En los círculos financieros internacionales suele agitarse el fantasma del riesgo populista cada vez que la izquierda gana en América Latina. Sin embargo, en el caso de la minería brasileña y Lula da Silva, el pragmatismo mata al relato. El sector minero formal no le teme a Lula; lo conoce perfectamente.

Durante sus dos primeras presidencias (2003-2011), la minería brasileña experimentó una auténtica «edad de oro». Impulsada por el superciclo de las commodities, la demanda global (liderada por la urbanización e industrialización de China) catapultó las exportaciones de mineral de hierro a niveles récord. Gigantes locales como Vale se convirtieron en titanes globales multimillonarios. El PBI se triplicó y las empresas mineras obtuvieron ganancias históricas bajo un esquema regulatoria que, si bien incrementó la fiscalización, jamás puso en riesgo la propiedad privada ni las reglas del libre mercado.

El verdadero temor del empresariado brasileño —nucleado en el influyente Instituto Brasileño de Minería (Ibram)— no es ideológico, sino fiscal. La gran preocupación actual radica en el estado de las finanzas públicas y en la posibilidad de que el nuevo gobierno intente aumentar las regalías mineras (la Compensación Financiera por la Explotación de Recursos Minerales – CFEM) para financiar el gasto social.

El gran desafío geopolítico: La danza entre Washington y Pekín

El mayor reto de Lula en esta cuarta etapa presidencial será gestionar una fenomenal «neutralidad armada» en la guerra fría por los minerales críticos (litio, níquel, niobio, tierras raras y grafito). Estos elementos son el combustible indispensable para la transición energética, la inteligencia artificial y la industria militar global.

  • El dilema: China es el comprador masivo e histórico de los minerales de Brasil. Pekín controla la mayor parte del procesamiento global de tierras raras y ofrece transferencias tecnológicas clave. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha desplegado una fuerte ofensiva diplomática y financiera (ofreciendo líneas de financiamiento por más de US$ 1.600 millones) para asegurar su propia cadena de suministro y restarle influencia a China en la región.
  • La estrategia de Lula: El mandatario ya ha dejado en claro que Brasil «no se la va a jugar» por ningún bando, aplicando una división salomónica de los proyectos estratégicos. Sin embargo, la reciente sanción de leyes de control estatal para blindar los minerales críticos frente a las presiones de Donald Trump añade tensión. El desafío técnico de Lula será absorber los dólares de Washington y la Unión Europea sin dinamitar la gigantesca e imprescindible aspiradora de recursos que representa el mercado chino.

 

La herida abierta: El combate frontal al garimpo ilegal

El segundo gran desafío es de orden interno, de seguridad y reputación internacional: la erradicación de la minería ilegal (el garimpo) en la Amazonía.

Bajo la tercera presidencia de Lula, el ritmo anual de destrucción minera ilegal en tierras indígenas se redujo a la mitad en comparación con la gestión de Jair Bolsonaro. El despliegue de las fuerzas federales en territorios críticos como el de la etnia Yanomami logró expulsar a miles de mineros clandestinos.

Aun así, el problema está lejos de resolverse. El garimpo ha mutado, aliándose con facciones del narcotráfico internacional y abriendo nuevos focos en áreas protegidas. Para el sector minero formal, combatir este flagelo es una prioridad absoluta compartida con el gobierno: la minería ilegal destruye la reputación ambiental del mineral brasileño, lo que traba acuerdos comerciales clave (como el tratado UE-Mercosur) e impide que las grandes corporaciones accedan a los créditos internacionales de «financiamiento verde».

Lo que la industria le reclama al gobierno

Aunque el canal de diálogo entre el Ibram y Lula se mantendrá abierto, las empresas mineras tienen demandas estructurales que arrastran desde hace años y que pretenden poner sobre la mesa de negociación de inmediato:

  1. Infraestructura logística desesperante: Brasil cuenta con yacimientos de clase mundial, pero sacarlos del interior del país sigue siendo costoso e ineficiente. El sector exige acelerar las concesiones ferroviarias y mejorar los puertos para mantener la competitividad frente a competidores como Australia.
  2. Seguridad jurídica y burocracia de licencias: El trámite para obtener licencias ambientales y operativas en Brasil puede demorar años. Las mineras exigen un proceso de digitalización y unificación regulatoria (ventanilla única) que reduzca la burocracia sin relajar los estándares ambientales.
  3. Industrialización forzada vs. Costo Brasil: Lula insiste en que Brasil debe dejar de ser un mero exportador de materias primas en bruto para pasar a fabricar baterías y componentes tecnológicos en el país. La industria advierte que, si el gobierno impone trabas a la exportación o aranceles punitivos para forzar esta industrialización local, podría ahuyentar las inversiones debido al elevado «Costo Brasil» (altos impuestos y rigidez laboral).

Conclusión: Lula inicia su cuarto mandato con la minería en una encrucijada. No hay pánico en el sector, sino un frío cálculo empresarial. Si el Planalto logra balancear las presiones de las dos superpotencias globales, mantiene a raya la criminalidad ambiental en la selva y ofrece estímulos en lugar de impuestos, la minería volverá a ser, tal como en los años 2000, uno de los motores indiscutidos de Brasil.

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