La minería suele medirse en grandes volúmenes, camiones gigantescos y toneladas de roca. Sin embargo, el verdadero futuro de la industria madre se define en una escala imperceptible para el ojo humano. En el podcast de Ya Era Hora, el doctor en Química Ariel Maratta desmitificó el universo de lo infinitamente pequeño y detalló cómo San Juan se convirtió en un faro regional al inaugurar el primer laboratorio de nanotecnología aplicada a la minería del país.
Arquitectos del mundo cuántico
«La nanotecnología es una ciencia que estudia y manipula la materia a escala nanométrica. Para tomar dimensión, un nanómetro es la millonésima parte de un metro. Si dividimos el diámetro de un cabello humano 100.000 veces, recién ahí llegamos al nanómetro», graficó con simpleza Maratta.
A esa escala, las reglas de la física tradicional cambian y entra en juego el mundo cuántico. Los materiales adquieren propiedades físicas y químicas completamente nuevas y mucho más reactivas. Maratta lo compara con una tarea de diseño: «Somos arquitectos que pegamos átomos y moléculas como ladrillos para crear nanopartículas con funciones ultra específicas».
«Robotitos» magnéticos que purifican el agua
Una de las aplicaciones más impactantes del laboratorio sanjuanino —y que ya despertó el interés de clientes en Estados Unidos, Canadá y Chile— es el tratamiento de efluentes líquidos. Mediante el diseño de nanopartículas modificadas químicamente y dotadas de propiedades súper paramagnéticas, el equipo logra resolver desafíos ambientales críticos de manera sustentable.
«Preparamos la nanopartícula para que tenga afinidad y busque un elemento específico, como cobre o metales pesados. Al agitar la solución, estas partículas funcionan como ‘robotitos inteligentes’ que atrapan el metal. Luego, mediante un imán externo, se las recupera rápidamente junto con el mineral selecto».
Este sistema no solo purifica el agua para devolverla limpia al circuito productivo cerrado, sino que evita el uso de filtros o centrífugas tradicionales. Además, estas nanopartículas son altamente reutilizables: soportan hasta casi 1.000 ciclos de uso sin perder eficiencia.
San Juan, en la pole posición internacional
El laboratorio funciona bajo el ala del Instituto de Investigaciones Mineras (IIM) de la Facultad de Ingeniería de la UNSJ, una institución que arrastra ocho décadas de vanguardia científica. Su apertura quiebra un paradigma regional. Mientras industrias como la electrónica apostaron a la «nano» hace décadas, la minería global recién transita ese camino creativo.
«Regiones como Australia, que definieron a la nanotecnología como un pilar de innovación, lograron incrementos superiores al 5% en sus rendimientos mineros. Hoy, el mercado global de la nanotecnología aplicada a la minería ronda los 1.5 billones de dólares y se proyecta que alcance los 4.5 billones en el corto plazo. Ya no es un nicho ni una idea utópica; es una realidad y San Juan está adentro», enfatizó el científico.
A través de alianzas estratégicas con universidades de San Luis y la Universidad Católica del Norte de Chile, el centro de investigación subsana las barreras de financiamiento compartiendo infraestructura de alta complejidad. Actualmente, un equipo multidisciplinario de 13 profesionales trabaja en líneas paralelas que incluyen nanorrecubrimientos basados en grafeno para aumentar la vida útil de herramientas industriales y bandas de transporte, plataformas para la supresión de polvo en caminos mineros (Nano Dust) y nanoespumas para el control de columnas de polvo en voladuras.
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Innovar con mente de niño
Al cierre del programa, el «Antman sanjuanino» dejó un mensaje cargado de optimismo para los jóvenes tentados por el universo de la ciencia. «La nanotecnología es transversal. Necesitamos ingenieros ambientales, médicos, químicos, metalurgistas y mineros. A cualquiera que se sienta frustrado le diría que no deje de tener pensamientos utópicos. Para innovar hay que recuperar el modelo de pensamiento que teníamos a los 5 o 6 años, cuando delirábamos respuestas sin ponernos frenos. El futuro está en el desarrollo de los nuevos materiales».





